Andalucía en el laberinto: el coste social de un modelo roto
Decía Tony Judt que «algo va mal» cuando la desigualdad deja de ser un problema técnico para convertirse en una corrosión moral de la sociedad. Esta cita de uno de los grandes pensadores socialdemócratas de nuestro tiempo actualiza la filosofía política de Blas Infante, padre de la patria andaluza: la acción pública debe orientarse a aliviar el sufrimiento de la gente común, no a servir a las élites o a intereses establecidos.
Durante décadas, coincidiendo con nuestra autonomía, Andalucía mantuvo esa manera de concebir la acción política de progreso. Los socialistas construimos un Estado del bienestar desde la nada y tejimos las infraestructuras que nos conectaron al mundo. Sin embargo, esa dinámica se ha quebrado. El Gobierno de Moreno Bonilla no ha venido a gestionar mejor; ha venido a cambiar el modelo, provocando una ruptura histórica. La paradoja es dolorosa: con más presupuesto que nunca, cosechamos peores resultados económicos y sociales.
Los datos son tozudos y desmienten la propaganda oficial: Andalucía no converge, diverge. Nos estamos separando de la media española y europea, siendo, por primera vez en la historia autonómica, la comunidad con menor renta por habitante. Es el precio de un modelo fallido que fía todo a la especulación y al turismo de bajo coste, abandonando la innovación a su suerte.
Pero donde la fractura se hace insoportable es en lo social. El Partido Popular ha roto el pacto implícito de que la salud y la educación no dependen de la cuenta corriente, deteriorando lo público para empujar a la ciudadanía hacia el aseguramiento privado. No es solo incompetencia —que la hay, y mucha, vista su incapacidad para ejecutar los presupuestos—; es ideología.
Su modelo económico parte de una premisa falsa e injusta: la idea de que bajar impuestos a una minoría genera riqueza para la mayoría. Es una gran estafa social consistente en perdonar 1.500 millones de euros anuales a las grandes fortunas para luego reclamar ese dinero al Estado, mientras recortan en la sanidad pública. Son «regalos fiscales» que consolidan una plutocracia hereditaria y rompen el principio de solidaridad. A este modelo de ruptura social se suma una política de trinchera que utiliza las instituciones andaluzas como ariete partidista contra el Gobierno de España, sustituyendo la gestión por el ruido.
Frente a este modelo de ruptura y privilegio, los socialistas proponemos recuperar el futuro con una Agenda de Crecimiento y Prosperidad Compartida. Como socialdemócratas, sabemos que la eficiencia no está reñida con la equidad; al contrario, las sociedades más igualitarias son las más prósperas. Nuestra apuesta no es el «low-
cost», sino la inteligencia, la innovación y el valor añadido. Queremos una reindustrialización verde y digital que aproveche nuestro potencial renovable para abaratar costes a empresas y familias, no para ser una colonia energética.
Andalucía necesita un gobierno que cosa las costuras que la derecha ha abierto. Porque el verdadero patriotismo no consiste en envolverse en la bandera para atacar al adversario, sino en garantizar que nadie se quede atrás. Y ese es el corazón de nuestro proyecto: la convicción de que la política no se mide por los relatos que construye, sino por las fracturas sociales que cierra y la dignidad humana que devuelve.

Autor: Gaspar Llanes Díaz-Salazar
Publicado el 17 de noviembre de 2025
