Notas a la muerte de un hermano

Esta madrugada ha muerto mi hermano Enrique. La última vez que me escribió fue el pasado 25 de abril y, en su corto mensaje, me decía: “¡Hoy cumplo una semana con este ingreso! No dan con la tecla… Mis expectativas no son buenas, pero me uno a tu apelación a los dioses. Un gran abrazo, Rafael”.
Conocí a Enrique cuando él dirigía Radio Sevilla y yo era un modesto diputado. Congeniamos desde el minuto uno porque ambos creíamos en una Andalucía que no fuera más que nadie, pero tampoco menos. Eran los primeros tiempos constituyentes y ya se barruntaba que, si los andaluces no arrimábamos el hombro, quedaríamos relegados a una simple descentralización administrativa.
Me costó trabajo convencerle para que se viniera como jefe del gabinete de prensa de nuestra incipiente institución preautonómica, porque competía con el gran amor de su vida: la radio. Una radio cuya andadura andalucista inició Iñaki Gabilondo, y que Enrique mantuvo eficazmente contra viento y marea.
A su amor por Andalucía no le ganaba nadie; era su pasión, junto a la de su familia y al conjunto de amigos que nos reuníamos para celebrar la vida. Pero la suerte no le acompañó, porque perdió a uno de sus dos hijos, el roquero, y, más tarde, a su mujer, Ana.
Desde el trasplante de corazón que le hicieron y hasta su muerte, Enrique mantuvo con firmeza tres convicciones: Andalucía, la sanidad pública y el Sevilla Club de Fútbol, aunque con una permanente crítica al deterioro continuo del triángulo apuntado, que a mí me servía para meter pulla y cabrearlo.
Hablábamos con frecuencia y nos queríamos a rabiar, pues no en vano coincidíamos en muchas cosas del mundo y de la vida, al sentirnos unidos por un vínculo que trascendía lo político para incardinarse, fraternalmente, en una desinteresada y profunda amistad.
Con el tiempo recuperó de nuevo el amor con Ana Víctor, la mujer que lo acompañó en su último suspiro y que le hizo nuevamente feliz. Gracias, Ana, por todo lo que le ayudaste en vida.
Solo me resta decir que su legado humanista, socialista y andalucista no se fue con él, sino que permanece vivo y anclado en el corazón de todos los que le conocimos.
¡Ah! Y recuerda que, si un día, en tu nueva vida, alguien te toca en el hombro y te invita a un JB con mucho hielo y agua, ese seré yo, que me aburro y prefiero estar contigo, copa en mano, antes que vivir con esta derecha tan zafia y mezquina como la que tenemos.

Autor: Rafael Escuredo Rodríguez
Presidente de la Fundación Andalucía, Socialismo y Democracia
Publicado el 11 de mayo del 2026
