Rafael Escuredo o el esfuerzo creativo de mostrar la realidad

Texto original actualizando una anterior reseña publicada en República de las Letras

 Si recorremos la historia de la literatura en lengua española es frecuente encontrarse con creadores que han ejercicio responsabilidades públicas a la vez que no cejaban adentrarse en los territorios de la creación literaria. Así pues, y sin dejar las tareas profesionales, Rafael Escuredo nos hace partícipes de sus creaciones literarias como expresión singularizada y con características propias. Una obra ya extensa, con singularidad y criterios propios que la identifican.

Una obra que atiende todos los géneros clásicos reconocidos y que Rafael Escuredo ha sido tentado por la mayoría. Así, la poesía con Un mal día; el ensayo con Andalucía irredenta, Valió la pena y otros textos, por ejemplo; pero, y, sobre todo, es en el género narrativo desde el que se atisba mayor comodidad y frecuentemente se cita con el lector. Dentro de la narrativa se ha manifestado tanto en el relato corto en Cosa de Mujeres o en el subgénero del diario literario (Sombras de luz); no obstante, es la novela donde mayos atención se concentra con siete títulos: Un sueño fugitivo (1994), Leonor, mon amour (2005), Te estaré esperando (2009), El blanco círculo del miedo (2011), Laberinto de mentiras (2014), Santos custodios (2017) y, recientemente, Recuerda. El sueño liberal de Caves Nogales (2025) – una novela biográfica e histórica sobre el insigne periodista andaluz y su época- más en 2026, La taberna de Choni.

Por otro lado, además del género periodístico, Escuredo ha frecuentado las tertulias radiofónicas y televisivas. Ciertamente su profesión más reconocida, la de abogado con altas responsabilidades políticas en su momento, conduce a despistar o a ignorar la intensidad de la apuesta que últimamente desgrana en pro de la creatividad sobre todo narrativa. Ya son, pues, suficientes las exposiciones y las obras de creación para que se nos exija una reflexión.

Quizá esta apuesta creativa sea, una vez más, devenida de la necesidad de quién  habita el quimismo, rapto o inspiración necesarios para soportar la soledad que envuelve al ser humano. Soledad que con frecuencia se alivia creando tras el ejercicio detenido como lector, propio de quien recoge contenidos con sus fuerzas intelectuales, sensoriales más la experiencia y lo transforma en conocimientos que necesita compartir. Es la dimensión propia del radical que le arropa como homo quaerens et legens.

Escuredo,  como creador y en su vaivén vital, necesita de la demanda y fortaleza de todos géneros que propicien una lectura profunda de la espesura de la realidad y de los congéneres; también, de sí mismo. Ahí el creador se yergue múltiple y contradictorio para ir más allá de sí. Atraviesa praderas con personajes, presencias y experiencias que justifican sentires y realidades, esperanzas y engaños; es decir, comportamientos que las criaturas reciben de su creador para diluirse o expresarse en el magma narrativo que el creador les otorga.

 De este modo en Cosas de mujeres (Edit. Plaza y Janés ,1999) se conforman como trece relatos con exclusivo protagonismo de mujeres vistas por un hombre (el autor). Asistimos a la lectura masculina de situaciones, a veces límite, de mujeres en que se enfrentan a una realidad dominada por el hombre, en la que las protagonistas dejan su impronta entre celos, homofobias, sexo, pasiones, infidelidades, maltratos, etc., pero reafirmándose en espacio masculino con tendencia a domeñarlas.. Ninguna de las mujeres se rinde ante la circunstancia adversa. Todas tratan de llegar a una solución plausible y esperanzadora con moraleja -recordando a don Juan Manuel- o enseñanza que se puede extraer y desvelar tras una prosa rica y rítmica. Obra que, en fechas próximas, se ofrecerá ampliada con dos nuevos relatos y se reeditará en la colección Casandra de la editorial Eolas.

Previamente a estos relatos, en 1994 y en la editorial Planeta, edita la primera novela: Un sueño fugitivo. En ella encontramos los mimbres básicos y esenciales que luego se iteran en las otras novelas: amor, asesinatos, intriga, viaje a la infancia, angustia, escándalos financieros, corrupción y extorsiones narrativo de explicar las riquezas de la realidad desde diversos ángulos. Tras veinte años de silencio editorial El protagonista, ya desde esta primera novela, es un personaje poliédrico y con personalidad. El autor le hace navegar entre la dura realidad y el intimismo, entre planos de intriga y dinámicos, ámbitos detectivescos que reiterarán con más fuerza en otros textos posteriores; de igual modo se hace caminar al protagonista entre dimensiones oníricas y la memoria, pues el presente se ofrece evanescente -; la memoria, un recurrente en la obra de Escuredo. Intriga, ritmo, prosa trepidante, vocabulario ajustado y pulso narrativo se explicitan, pues, desde la primera entrega.

 En 2005, Leonor, mon amour (Ed. Almuzara), el autor se adentra y viene a narrar con intensidad la preocupación por la memoria, los riesgos de la amnesia. Nuevamente nos conduce a mundos sórdidos, a la cara inversa de la aparente realidad, a los espacios de la marginación, al chantaje y a la necesaria lucha del ser humano en esta selva vital. Tras veinte años desde la primera novela y cambiando el registro, asistimos a una narración más intimista, bien podría denominarse psicológica, donde los riesgos de perder el control sobre el pasado aparecen con viveza; si bien las características formales a los registros anteriores se mantienen. Somos memoria, no historia o memoria histórica.

Nuevamente en Almuzara y en 2009, Rafael Escuredo, en Te estaré esperando, nos conduce a los tiempos pasados o perdidos. La memoria y sus juegos más el amor entran en acción y el autor combina y teje una telaraña con final esperanzador. Aquí se refleja el cansancio de la rutina y de la liviandad de lo cotidiano. En esta tercera entrega de relato largo el autor expone definitivamente sus armas narrativas. Instrumentos suficientes para mantener el pulso y captar la voluntad del lector con verbos en indicativo, agilidad formal, epítetos y locuciones extraídos de la cotidianidad, etc., pero sin perder el rigor y la validez narrativos; además, en estas tres novelas y en los relatos cortos la figura de la mujer juega un papel central y el autor muestra voluntad de que así sea. Existe una teleología de dar protagonismo a la mujer a sabiendas de las riquezas que proporciona la figura femenina de cara al juego o vaivén que el autor pretende entre el realismo y el intimismo.

 En 2011 llega al lector El blanco círculo del miedo con la editorial Edhasa. Aparentemente el autor cambia de registro y nos conduce a la novela negra. Digo aparentemente porque los temas eternos, los materiales necesarios de un buen relato permanecen. Entra en juego el inspector Sobrado y la figura de Claudia Morante sostiene el papel de la mujer, una vez más; pero la intriga, el chantaje, la corrupción financiera, la ciudad (Madrid), los bares, la inmoralidad y lo sórdido se dinamizan entre la pasión y las delaciones. Frente al modo de la prosa anterior, el autor se adapta correctamente a las exigencias del nuevo género: ritmo trepidante, prosa vertiginosa, verbos en indicativo donde el presente de indicativo y el pretérito perfecto dominan y sobre todo toma cuerpo el inspector Sobrado. Esta novela es un retrato social de hipocresía, del crisolhedonismo, del narcisismo, de las traiciones, etc.; el dinero todo lo envuelve, si bien aparentemente non olet, ordena y corrompe. Las máscaras y la vanidad se presencian como activos y dejan al ser humano a la intemperie ante sus negligencias frente a los abusos diseñados por otros.

En 2014, nuevamente con la editorial Almuzara, con Laberinto de mentiras nos visita el inspector Sobrado. Los mimbres utilizados en la anterior novela se mantienen formalmente y Rafael maneja los contenidos y formalidades que caracterizan y exige el género negro, si bien se percibe más seguridad y comodidad del autor en el manejo de escenarios, diálogos, etc. Las realidades narrativas se ofrecen creíbles.

De igual modo son creíbles los contenidos ofrecidos en Los santos custodios (2017). Estas tres novelas, más la reciente La taberna de Choni, son manifestación de un buen ejemplo de manejo del género, al que se ha de incorporar la figura del inspector “Sobrado”. “Sobrado”, buen madero, tras protagonizar cuatro magníficas novelas – de momento, pues hay noticia que pudiera seguir activo- ha logrado un puesto en la novela negra hispana y se consolida en la recién novela La taberna de Choni, donde aparece como inspector retirado, maduro, activo y decepcionado; obra en la que, una vez más la figura de la mujer, Choni, no es secundaria o adorno del protagonista.

Cuando se clasifica a este género, el policíaco, se tiende a clasificar según el modelo clásico norteamericano: distinguir entre la novela policiaca propiamente tal y las novelas de enigma. ¿Dónde se hallan las de Rafael? Estimo que participa de los dos modelos. Poseen investigación (enigma) y, además, contienen relato y retrato social. Expone denuncia social. Se levantan los costrones de la corrupción y el lector los reconoce próximos. Reconoce los diálogos eléctricos de los personajes, la solidez de sus exposiciones, la imperfección y putrefacción de determinados ambientes, lo sórdido, las interioridades de la mafia y de los cuerpos policiales, los juegos de palabras y los dobles sentidos. Este subgénero narrativo se empieza a prodigar entre los narradores españoles progresistas como recurso de denuncia, sobre todo en el período franquista. Un subterfugio habilidoso para caracterizar la degradación ética de las clases burguesas dispuestas a cualquier compromiso a fin de sostener su estatus y de sus privilegios. La capacidad de la novela negra es para reflejar el subsuelo de la realidad, de la sociedad. Cada relato es una tesela o una impresión y el conjunto o conforman una fotografía, una exposición de la totalidad. De este modo, si bien la novela negra y la policiaca nacieron en paralelo, son una dramatización de lo difícil que es decir la realidad, confundida con la verdad. Por eso surgen respuestas y alternativas que nacen fuera del campo de la literatura clásica; de ahí que se haya intentado descalificar como género menor; mas no, pues la novela negra es un buen calidoscopio de la realidad y reúne tres características citadas: trama, ubicación en un espacio y tiempo reconocibles y casi siempre cercanos y, en cuarto lugar, unidad dramática. Elementos a los que cabe añadir la recuperación de un lenguaje que ofrece disfrute y placer unidos a las disposiciones ternarias de los personajes narrativos -el inspector Sobrado y dos más- y de los espacios: una comisaría, un barrio, un bar, un apartamento.      

La corrupción y la violencia resultaban impropios para la pax franquista. La censura se encargó de acallar; pero sea en dictadura, transición o democracia el subgénero persiste para manifestar un descontento social, lanzar una crítica, aunque roce lo esperpéntico, mas a partir de un hecho real reconocible que resulta ser un espejo al que se le añaden guiños picarescos, humor grotesco, sátira y moral. El mecanismo narrativo apropiado -bien manejado por Escuredo- es el párrafo corto, la estructuración sencilla sin abandonar los rigores narrativos que bien recuerdan obras olvidadas de Alfonso Groso, por ejemplo, La buena muerte, Los invitados o El crimen de las estanqueras. Un autor con no buena fortuna a pesar de su calidad, pues vivió el tiempo en el que es subgénero se subestimaba. Para lograr la intensidad citada el autor recurre al presente de indicativo, se itera, pues como diría J.P. Sartre es el tiempo gramatical propio de la novela. La sobriedad en las descripciones favorece el ritmo. El resultado es un relato verosímil al que el autor pone ficción y el lector adecúa a su mundo. No es fácil este logro, que el autor investiga sobre un hecho que aún no lo es, pero puede serlo, que hace real lo novelado; un espacio en el que lector se adentra cómplice con facilidad. En estas novelas, como diría J. L. Borges, cumple un mandato necesario, “hay realidad suficiente”. Sobre ella opera el autor. La dota de forma. Inyecta vida y la brinda al lector.  

Es frecuente, cuando un autor ya ofrece una decena de obras narrativas, que se intente por parte de la crítica encontrar referencias. En su conjunto, ya se puede afirmar que los elementos esenciales de la novela asisten y existen en el taller rafaeliano: personajes principales y secundarios perfectamente alejados de perífrasis gratuitas, dominio de la palabra y la fabulación, manejo de recursos estéticos, tema definido con argumento y trama bien conducidos, diálogos vivos y trepidantes si la acción lo requiere o pausadas si la reflexión del personaje lo exige; de igual modo los ambientes y paisajes se definen a la vez que las conductas de los personajes y sus pensamientos. Es decir, que los tres caracteres esenciales de la narrativa: trama, espacio-tiempo próximos y reconocibles y tensión dramática, aquí se cumplen. Siguiendo la división de Ortega y Gasset:—novelas de aventuras, aquellas que plasman un ambiente exótico y fantástico con personajes extraordinarios en los que caben desde las novelas de caballería a las policiacas;— y las realistas, porque reflejan la cotidianidad, caracterizadas por la observación del autor para recoger y avivar sentimientos y hechos que despierten interés en el lector; en esta segunda clasificación caben tanto las psicológicas como las de costumbres; mas, de acuerdo con la división orteguiana, Rafael Escuredo ha atendido las dos direcciones.

De este modo, subyuga cómo el protagonista atrapa y se instala en los ámbitos del lector a la vez que el autor logra desaparecer, pues, al evitar barroquismos, al ser cauto en la adjetivación y dando uso a la necesaria, sin caer en la prolijidad gratuita, se explicita remiso en las descripciones; de este modo el inspector Sobrado crece y hace olvidar la mano del autor sin anular al resto de personajes; así le sucedió a Cervantes con don Quijote. Todo un logro.

Los medios que el autor desempeña son mimbres con estructura alineada y circular, ceñidos se alzan lentamente hasta el desenlace. No sobra ninguno. No hay hojarasca innecesaria. El clímax y la serenidad van amalgamados con paso firme y ágil. A estos se agrega la tensión que la trama requiere: el desencanto, el honor, la traición, la petulancia y otros comportamientos propios de perdedores. El conjunto logrado es la expresión de voces ordenadas y diferentes que caminan sin perder su “yo” hacia el desenlace final. Entre esta polifonía lejanamente se atisba la voz del autor. Es preciso buscarla, pues sabedor de la necesidad del crecimiento de sus criaturas las deja que maduren, avancen y sean ellas irrepetibles, identificables. Otro gran logro.

La realidad que se ofrece, en general, en las novelas de Escuredo es dura, decepcionante para personajes recios, pero propia para ambiciosos, frustrados, sin escrúpulos, justicieros y ajusticiadores, mafiosos, pendencieros y luchadores frente a la extorsión. Una vez más el autor logra presentarnos la dicotomía entre los que” -según Ortega y Gasset- viven para tener o para ser” o, al menos, ser-se.

Por estas páginas caminan, pues, extorsionadores, perdedores y frustrados, amorales y honorables, personajes representativos de la realidad. Aquí sí se ve la mano del autor, lógicamente no está entorpeciendo la vida de sus criaturas pero tampoco es un ausente, ya que hay crítica social y denuncia en su justa medida, sin pretensiones mesiánicas. Sencillamente el autor nos presenta ante tramas mafiosas reconocibles o posibles. Son el resultado de un lector, Rafael, un buen lector amarrado a la vida, a la que necesita para poder crear y narrar.

Ya se ha insinuado en la proximidad a la realidad, vidas y sucesos, mas en esta cercanía se explicita cierto desasosiego individual y colectivo frente a una sociedad tendente a la deshumanización, inmersa en realidades virtuales peligrosas, rígida por principios propios y con espacios vigilados (Michael Foucault). Al pasear por estos espacios que el autor nos propone y construye por ser eficientes en su finalidad al tiempo los deconstruye. Un restaurante, un pub, un polígono industrial se transforman en otra actividad. Esta elección por parte del autor lo sitúan en los ámbitos características de la novela postmoderna, pero no caen por ello en tal clasificación ya que el autor mantienen los viejos paradigmas narrativos: exposición, intriga, enigma, investigación, suspense, desenlace; si bien, gran número de personajes caen en la categoría de “BoBo’s” (bourgois y bohemians) acompañados de perdedores; un oxímoron capaz de expresar la perversidad, la angustia y sus contrarios. Los “BoBo’s”, burgueses y bohemios, juegan a las apariencias para esconder la falta de escrúpulos. Sostienen, cual atlantes, lo social u oficialmente correcto para ocultarse en los submundos rampantes y escasos de escrúpulos. En este paisaje habitan personajes con un yo firme y decidido (el inspector Sobrado, por ejemplo) y los disueltos en la carnavalización y canivalización de la propia vida y la de los prójimos sin compasión (por ejemplo, la figura de Lin Piao en Laberinto de mentiras). En el caso de Laberinto de mentiras, mediante la pluralización de espacios y culturas, logra introducir un mundo (el chino) en otro (el español) o vidas diferentes en Leonor, mon amour o en Un sueño fugitivo. Estas estrategias bien dirigidas coadyuvan la credibilidad del relato y el autor lo consigue.

 Los personajes de Escuredo, pues, poseen realidad sentimental y corporal, no se diluyen ni siquiera los secundarios. Sean principales o secundarios traslucen valores, la hipocresía o la crueldad (Lin Piao) en Laberinto de mentiras. Correctos o inmorales, de juego limpio o sucio, son necesarios en la trama orquestada. Estimo, por lo expuesto, esta capacidad del autor que se aleja del modelo aportado por otras experiencias narrativas donde se pierden los protagonistas o donde el relato es un agregado de fragmentos distantes o disonantes; luego el autor sostiene ágilmente la necesaria narratividad.

Stendhal escribía: “Novela: es un espejo que paseamos a lo largo de un camino”. Un espejo que debe reflejar lo que existe. Cada autor elige una parte, pues es imposible lograr la expresión de la totalidad, y en el acervo y estro del autor, este hallará el logro de la percepción fragmentada y de la capacidad de colocar adecuadamente una tesela acertada sobre el mosaico de la vida. Escuredo recoge fragmentos, pule la tesela elegida y ubica. Esta es la coherencia que obliga a quien se empeña en girar el calidoscopio de la vida de los humanos que ocupan un mundo ontológicamente inestable. De ahí que los personajes rafaelianos transitan y se mantienen en el modo tradicional de representar la vida y el mundo a la vez que ejercen la mímesis coherente con el momento que le ha tocado en suerte vivir.

 Este es el escenario y los protagonistas, pero es necesaria la unidad del relato y la comunicabilidad con el lector. Escuredo la logra mediante la intriga, la prosa acerada y rápida, sosegada y detenida -otro oxímoron-, compuesta de imágenes suficientes para representar las máscaras y los simulacros sociales o los vacíos tras las apariencias de numerosos personajes que, en su conjunto, a veces paradójico y manifestado por personajes secundarios o parciales, van componiendo el cuadro social real del fragmento seleccionado.

 De este modo el autor se diluye, no se muestra como creador omnipresente, es un homo viator y legens que identifica lo errante, explora, es conciencia que pregunta y que tras los numerosos disfraces elige voces múltiples y diversas que armoniza en polifonía, que articula en diversos escenarios, los topoi propios de cada novela.

 El autor, Rafael Escuredo, pues, se convierte en co-creador de la realidad, pero como exige Humberto Eco, también es decodificador, un lector ontológico de mundos discontinuos, heterogéneos, existentes y yuxtapuestos que descifra y expone. Las novelas son un trampantojo que dilucida alegóricamente las incoherencias e inconsistencias, los valores y lealtades de la realidad humana, y, para ello, se vale de diálogos trepidantes y directos, ritmos acelerados y sosegados, de figuras literarias ajustadas, descripciones precisas suficientes para establecer mediante la red tramada del lenguaje de unos relatos preñados de realidad. Cuenta historias. Sus protagonistas, al igual que en Unamuno o Cervantes, logran independizarse del creador.

Quisiera detenerme en una de las obras, la que valoro más confesional, presentada en modo diarístico, Sombras de luz, una obra de ruptura frente a la línea policiaca, pues me parece obra maestra. Ciertamente la teoría sobre los géneros literarios de continuo se mueve entre interrogantes. En este caso la discusión se centraría en si el diario es un subgénero narrativo. No importa la clasificación pues no hay literaturas sin géneros (Todorov). Previamente es preciso distinguir entre el diario personal y el diario literario. Ambos se caracterizan porque están fechados y es un agregado de textos fragmentarios. Hay un protagonista, el yo diarístico, que se revela como principal, a la vez que los personajes secundarios se ofrecen como un agregado, en tiempo y espacio, que suman, avalan y enriquecen los avatares del protagonista que voluntariamente plasma los contenidos de modo ordenado y cotidiano y en este estándar deja fluir su intimidad. Es  Le journal intime.

Según los expertos, Anna Caballé, en España no hay tradición diarística personal, pues La Contrarreforma fue una limitación al desarrollo literario del ego. Es una forma que bien hubiera podido desarrollarse clandestina, pero no fue así. En general, la exposición íntima no ha sido literatura frecuente, a pesar de las teorías de Agustín de Hipona sobre la confesión y acerca de la necesidad de revelar la vida. Todo diario, en sus modalidades, es confesional. Y la confesión, “género literario y método” fue teorizada por María Zambrano amparándose en cierta, pero escasa, tradición hispana. Es un acto del sujeto que necesite revelarse asimismo por horror a ser malentendido.

Sea personal, en el vaivén entre la objetividad y la subjetividad, sea dietario o sea, es en el caso de Rafael, ficcional o literario, se estructura en un marco narrativo cargado de intencionalidad verosímil. En este caso es un diario literario o ficcional porque el autor elige personajes, no aborda un yo concreto y testimonial, pero logra que su protagonista pueda ser compartido y universal. Gran logro del autor. El autor es un personaje ficticio -el ello literario- que envuelva lector y lo lleva ante el espejo sin cargarse de narcisismo. Logra, al decir de Paul Ricoer, algo sencillo: superar la vida y a la narración; la primera se vive, la segunda se escribe; mas en esta obra, vida y narración fluyen y se concitan. Lo que ocurre puede suceder a cualquiera, pues el sujeto no es un ente simple, sino múltiple, inmerso en una red de relaciones al decir de Gustavo Bueno. 

Así pues, el autor logra que la modalidad narrativa elegida, diario literario, se construya con trama, con relato, con una narración estructurada e intencionada que atrapa. Y no es tarea fácil que la modalidad de diario logre unidad narrativa y ficción a la vez que se carga de confesionalidad y de reflexión, hay testificación y tesis. Hay recesión que avanza y expone sin caer en la pesadez. Buen logro.

López Aranguren definía la intimidad como el acto de repliegue de la persona sobre sí misma a partir de la cual se produce una relación interpersonal o de intradiálogo. Así es, mas no es tarea fácil y el autor logra que este intradiálogo evidencia la posibilidad de que la intimidad se comunique. Teoría que comparte Castilla del Pino, quien destaca la capacidad comunicativa de la actuación íntima, sin embargo, en el espacio íntimo o espacio protegido, lo que provoca, a pesar de la comunicabilidad, es que queden espacios inconfesables. No obstante, la confesión nunca es un acto solitario, no hay confesión sin confesor afirma José Luis Pardo. Esta credibilidad concede al lector la conciencia de que aquel que le escribe está cómodo con lo que hace, que no es un mercenario ocasional sino un autor comprometido con la tarea empeñada. Asistimos, pues, a obras surgidas en el humus fecundo de Escuredo, desde su “cueva” -así denomina su espacio de creación- para que lo imaginado fermente porque su mentor apuesta decididamente para brindarnos obras, narraciones.

Sombras de luz o luz con sombras es un viaje lineal con final definido. Obra lograda, magistral, en la que se vuelven a convocar temáticas rafaelianas anteriores. Protagonista desamparado y ofendido que al final se amiga con la verdad, delirios y autocrítica a fin de evitar la posible destrucción si no recurriera a la confesión; también, como en otros textos, hay horror vacui y que cierto nihilismo. Maquiavelo afirma que” las cosas humanas están siempre en movimiento”, una dinámica para desmontar la cruda realidad. Así, una vez más, los protagonistas de los textos de Rafael viajan entre el ensimismamiento y el desencanto, entre cautiverio del éxito y las desdichas que, por otro lado, asumen con cierto senequismo, caso de Sobrado. El inspector Sobrado y otros personajes caminan en un presente que se ofrece estepario y les resta el recuerdo para poder recupera anhelantes a los ausentes.  La memoria es absum. Somos memoria, hijos de la musa Mnemosine, cargados de razón amnannética. “La memoria es la nodriza de la vida” (M.Zambrano) y en este orden se planta en la narrativa de Escuredo, así, numeroso personajes precisan recordar para ver y no avanzar a ciegas, ya que  “ si no hay memoria no hay presente”. Es el único paraíso del que no pueden expulsarnos (S.P. Fr-Richter).” Somos memoria”, proclama el autor en Un sueño fugitivo; pero, en este orden, ha de señalarse este logro de Escuredo: en su obra abunda el memoralismo, mas sin moralismo.

La memoria se halla muy presente en la obra de Rafael, pues sobre el alma de sus personajes deposita el lema de que “nada envejece más rápido que la juventud” y el presente, ya que somos mortales vivientes que viajamos mientras que, con frecuencia nos convertimos en simulacros cargados de máscaras y vanidades mientras que unisquisque sibe deum fingit (“cada uno finge un dios a su medida”). Al tiempo, las texturas de Escuredo supuran que la realidad del mundo y la propia se ofrecen poco fiable, pues no entramos dos veces en el mismo río y sobre él navegamos en permanente paradoja vital:  nacidos para morir. Así es la fugacidad y la fragilidad de la vida. “El hombre es el más necesitado de los seres, porque es el que más necesita. Cuando no cubre sus necesidades mira la vida como una mentira continua” (A. Schopenhauer) y este autor continúa:” la vida es un mar lleno de escollos y de remolinos que el hombre no evita sino a fuerza de cuidado y prudencia”. En estas aguas bogan los personajes rafaelianos y, en casi todos, el amor es una resultante compensatoria.

Prosiguiendo el recuerdo -recuérdese que “recordar” es “pasar dos veces por el corazón- entre la memoria y la biografía Escuredo se ha atrevido con la figura emblemática del periodismo, Chaves Nogales, en Recuerda. El sueño liberal de Manuel Chaves Nogales. El modelo elegido por el autor va más allá de una recreación biográfica del personaje. Se trata de una ofrenda sin pretensiones hagiográficas pero que refleja una época europea convulsa a través de la mirada de un testigo comprometido con la noticia allí donde la hubiera. Chaves Nogales, recurrente protagonista de la novela, cuenta a los españoles lo que sucede en Europa, a los europeos lo que acontece en España durante el período en el que acontece y concurre su periplo biográfico y profesional. En este orden, la biografía de Chaves Nogales discurre en la primera mitad del siglo XX. Un siglo que, tanto a nivel nacional como europeo, se cubre de episodios bélicos y aconteceres violentos, una etapa en la que aún no enterrados los muertos de un conflicto ya se ordena y programa el siguiente. Desde esta vocación y compromiso denuncia a los terratenientes, a los militares golpistas que traicionan la legalidad de la República y su propio juramento de lealtad. Delata la tarea de los militares cuyo objetivo es matar, de los políticos para engañar y de la Iglesia y numerosos intelectuales por permitir y mantenerse ajenos para que los anteriores puedan lograr sus objetivos: terror y exterminio.

 Con abundante investigación, Rafael Escuredo en Recuerda. El sueño liberal de Manuel Chaves Nogales corrige la amnesia y aventa las nubes que ciegan el testimonio y vida ejemplarizante de este señero andaluz. Un andaluz que a través de periódicos y revistas, libros y agencias, programas radiofónicos, es decir, la información al servicio público en manos de un periodista incansable y dispuesto, emprendedor y de sólida cultura, de un profesional comprometido con la verdad y la democracia que mediante un periodismo de investigación y con presencia en los escenarios más significativos a la sazón, se entrega a la descripción y presentación de la realidad en la que habita o busca con abundancia de datos y temas enmarcados en textos con ritmo narrativo que delatan las circunstancias agónicas a la vez que mantienen una posición antitotalitaria y contra todo fanatismo.  En esta novela, pues, la figura y personalidad de este republicano, demócrata y liberal, defensor del valor de la palabra frente a la tensión belicista al momento queda de manifiesto; del mismo modo que la inversión del dictum clásico: si vis pacem para bellum por si vis pacem para verbum; el propio de quien cree más en el valor de las palabras que de las armas, más en Atenea que en Ares. 

Asistimos a otra entrega literaria de Rafael Escuredo que aparentemente pudiera parecer un cambio de estilo, mas no; la diferencia con sus anteriores novelas es que el protagonista es identificable. La prosa ágil y rica, la tensión narrativa sostenida o sosegada según lo exige el relato se mantienen y, además, ofrece al lector, al estilo Chaves Nogales, un relato logrado con el rigor y la investigación necesarias sobre la vida y obra del periodista y escritor. Escuredo presenta a un periodista de raza con genes heredados al caso, un delatador del terrorismo “rojo y nacional” pero que defiende que España “no ha de ser mi colonia fascista ni avanzada comunista”, ni tiranía aristocrática ni dictadura proletaria; es decir, el autor de Recuerda es leal al personaje elegido y logra que su personalidad y profesionalidad no se diluyan más también deja constancia de la tensión nacional e internacional habida en tan dramático momento histórico.

Estas reflexiones me llevan a concluir y reiterar que las novelas de Escuredo cumplen con la prescrita finalidad horaciana en su Epístola a los Pisones: ducere et educere. Informan y entretienen, “educan y conducen”. Se sostienen en la realidad y reflejan lo que somos. En este orden, estas novelas reflejan el profundo humanismo y compromiso ético que subyace en el autor, que manifiesta su incomodidad y expresa a través de sus personajes, pero sin anularlos. Otro éxito

Ducere et educere, delectare et prodesse, pues, caracterizan las obras de Rafael para atraparnos en su lectura, para impedir su abandono fácil. Intriga y amenidad, placer de contar y de leer se aúnan en estrategia perfecta y lograda. Hay verosimilitud o apariencia de lo verdadero que dota de realidad a un personaje o a un suceso. Convierte lo irreal en real y lo real en irreal. Identifica la esencia con la apariencia y viceversa en un entorno muy real en el que nacemos sin elegir, por circunstancias, y condenados a morir. Es el viaje propio de lo que somos, cíngaros en el cosmos, itinerantes y aventureros, y nada escapa a la muerte. En este deambular, al tiempo, el presente se agrieta a nuestros pies; pues, nada envejece más rápido y pronto que el presente y la juventud, mas hay personas que se consumen pronto. Son llama; otras, lentamente. Son rescoldo. Así en esta cosmovisión, siempre parpadeante, Rafael hace transitar a sus personales que, de algún modo, reflejan, también, parte de la vitalidad de su mentor a sabiendas de que el dolor y el gozo humanizan y hermanan.

Finalmente,” vivir es experimentar la magia de lo posible”, dice Cicerón, y en esta magia se ha instalado definitivamente Rafael Escuredo para regalarnos, últimamente, una recreación anual. Gran regalo y gran logro. Gracias maestro.

Autor: Rogelio Blanco

Ensayista

Publicado el 23 de septiembre del 2026