Hablemos de inmigración
La historia de la humanidad es, en gran medida, la historia de las migraciones. Es esta una afirmación que no por ser reiterada es menos cierta. Desde la primera gran migración del homo sapiens desde África hacia Europa y Asia, pasando por los sostenidos movimientos migratorios del Mediterráneo, las llegadas masivas de habitantes del Este y Norte de Europa hacia el Sur, hasta los desplazamientos de poblaciones desde Europa hasta América, nada de lo sucedido en nuestro mundo actual se puede explicar sin la inmigración. Cuando se invoca una supuesta identidad de un país o de una zona del mundo como algo estático y preexistente, amenazado por la llegada de seres humanos provenientes de otra procedencia, se está ignorando este hecho fundamental. Nunca ha existido ese “nuestro mundo” como algo que debe ser preservado a toda costa. Nuestro mundo de hoy, el de nuestro planeta, el de Europa, o el de España y Andalucía, es el resultado de sucesivas oleadas de llegadas de pobladores de otros territorios, y de la interacción entre esos inmigrantes y las poblaciones que les acogen, en constante cambio y evolución. Pretender congelar esa realidad como algo inalterable y estático es un error que menosprecia la imparable dinámica que se produce entre la población que emigra y la que acoge. La cuestión clave, a mi juicio, es el cómo se produce esa interacción y con qué resultados.
Nada ni nadie puede detener la llegada de inmigrantes que nace de su necesidad de buscar una vida mejor para ellos y sus familias, o de escapar de la persecución que sufren en sus países por razones políticas, sociales, económicas o culturales. Ante el hecho de la inmigración, es preciso tener presente que tan importantes son las políticas que hagan que sea ordenada y regulada como las políticas que favorezcan la integración entre población de acogida y población inmigrante, y las políticas de cooperación con los países y zonas de origen de las que provienen, para eliminar o atenuar los motivos que les empujan a emigrar. Cobra todo el sentido en ese contexto la decisión del Gobierno de proceder a un proceso extraordinario de regularización de personas inmigrantes y asiladas que busca dotar a cientos de miles de seres humanos de los derechos que su situación irregular les impedía disfrutar, en coherencia con la voluntad de casi un millón de firmantes de una Iniciativa Legislativa Popular que la nula voluntad de las derechas bloqueó en el Congreso. Ese proceso permitirá después la puesta en marcha de políticas de integración para que esos extranjeros puedan ejercer sus derechos de ciudadanía conforme a la legislación vigente.
Este mes de enero se cumplen 25 años de la puesta en marcha de la primera experiencia de esas políticas decididas de integración de la población inmigrante en España, el Plan Integral para la Inmigración en Andalucía. Dicho Plan nació tras un amplísimo proceso participativo con la sociedad civil andaluza y los Grupos Parlamentarios. La idea matriz que sustentaba ese Plan y sus siguientes tres ediciones es la consideración de que el universo de referencia de las políticas de integración debe ser tanto la población inmigrante como la de acogida, así como las dinámicas de interacción social y cultural entre ambas. Frente a las experiencias de modelos fracasados, como la segregación, la asimilación y el multiculturalismo, Andalucía propugnaba un modelo de orientación intercultural. Por ello, junto a políticas de educación, salud o vivienda dirigidas especialmente hacia los inmigrantes, se establecían campañas para la sensibilización de la población de acogida, o, por ejemplo, actividades para la formación de profesionales en el ámbito judicial, o la investigación en los Organismos Públicos de Investigación andaluces.
La puesta en marcha del I Plan supuso la creación del Foro Andaluz de la Inmigración posteriormente ampliado a Foros Provinciales, con la participación de organizaciones sociales, Corporaciones Locales, Medios de Comunicación y Universidades, así como la celebración de Jornadas que permitieron abrir un debate serio y riguroso que llegó a una amplia mayoría de la sociedad andaluza. Junto a ello, se creó el Observatorio Permanente Andaluz de las Migraciones que permitió el conocimiento preciso de la realidad de la inmigración en cada municipio, así como la valoración acerca del hecho migratorio en la sociedad andaluza. Se trataba, en suma, de una política de carácter transversal que permitía, por primera vez, abordar el fenómeno de la inmigración sobre bases sólidas y un consenso social muy notable.
Lamentablemente, la llegada de la derecha al gobierno de la Junta de Andalucía significó la desnaturalización de ese espíritu y la sustitución de los Planes de Integración por una estrategia que se orienta en la práctica hacia un modelo de inclusión/asimilación. El Gobierno de España tiene ahora la oportunidad de recuperar el “modelo andaluz”, abriendo un proceso de diálogo lo más amplio posible con la sociedad civil y los diversos grupos Parlamentarios en el Congreso de los Diputados, por muy improbable que resulte un acuerdo sobre ello. Pero debería intentarlo, porque lo que está en juego es la definición de qué sociedad queremos ser.

Autor: Manuel Gracia Navarro
Expresidente del Parlamento de Andalucía
Publicado el 28 de enero del 2026
