El Andalucismo como idea política o estrategia electoral

Celebradas las pasadas elecciones andaluzas, los medios de comunicación y los analistas políticos han considerado que Adelante Andalucía era el partido ganador de las elecciones dentro del espectro político de  la izquierda. No cabe duda que su portavoz, José Ignacio García Sánchez, y sus compañeros de filas, han trabajado duro y han sabido trasladar los mensajes de manera sencilla y comprensible para la ciudadanía. Menos probable es que hayan atraído a su formación votos de la juventud de extrema derecha. En todo caso se ha dicho que su éxito se debía al fuerte andalucismo que impregnaba las propuestas de dicha fuerza política. Un partido sin obediencia a Madrid -se seguía diciendo-, sin dependencias ni hipotecas, que sólo tenía por norte y guía Andalucía. Su triunfo se inscribiría dentro del crecimiento de las izquierdas soberanistas, fuerzas políticas en auge cuya coordinación y liderazgo en unas próximas elecciones generales estaría madurando el competente diputado del Congreso Gabriel Rufián.

Sin embargo, conviene relativizar esta euforia circunstancial. Siquiera sea porque Adelante Andalucía nació ayer mismo, su representación es de sólo 8 diputados frente a los 28 del PSOE-A y la memoria histórica de la política en Andalucía no debe ser reescrita ni tampoco olvidada. Sobre todo,  por gentes pertenecientes a nuevas generaciones a los que hay que recordarles que ellos no inventaron el andalucismo político. Para poner las cosas en su sitio, no es necesario remontarse a las Juntas Liberalistas ni a la doctrina política de Blas Infante. Hablemos de la España democrática que arranca con la Constitución de 1978, un marco territorial descentralizado a cuyo amparo se fueron aprobando los distintos Estatutos de Autonomía.  

¿Cuándo nace la Andalucía constitucional? Hagamos un poco de historia. Situemos el punto de arranque el 15 de junio de 1977 con la celebración de las primeras elecciones generales, tras el ocaso institucional del franquismo. En la temprana fecha de 5 de julio de 1977, se celebró en Antequera la primera Asamblea de Parlamentarios Socialistas Andaluces que aprobó una declaración política a favor de la autonomía para Andalucía. El 27 de agosto siguiente, a iniciativa de los parlamentarios elegidos en las listas del PSOE, tuvo lugar  una nueva Asamblea, ahoya ya con la totalidad de los 91 parlamentarios de todas las fuerzas políticas, cuyo único punto del orden del día era la necesidad de aprobar un Estatuto de Autonomía para Andalucía en el marco de la futura Constitución. El 4 de noviembre de 1977 tuvieron lugar las primeras manifestaciones unitarias para reclamar la autonomía para Andalucía y el 27 de abril se constituyó la Junta de Andalucía por la que se dotaba de un régimen preautonómico a la región. Elegido el socialista Plácido Fernández Viagas como presidente, a su impulso se suscribió el Pacto de Antequera, donde once fuerzas políticas exigían “la autonomía más eficaz para el pueblo andaluz, en el menor tiempo posible”.

Pero, la batalla final estaba por venir. Aprobada la Constitución y elegido presidente de la Junta Rafael Escuredo, el nuevo presidente asume el legado del andalucismo histórico y exige para Andalucía la aprobación de un Estatuto de Autonomía plena, el máximo techo competencial e institucional, autonomía equiparable en profundidad y alcance a la de las llamadas nacionalidades históricas. A partir de aquí empieza la clarificación: cuanto más empuja la izquierda (PSOE-A, PCA y PTA) a favor de una autonomía plena, más se descuelga la derecha que sólo aspira a un regionalismo gestionado por una mancomunidad de municipios. Alianza Popular se convierte en un convidado de piedra que ve los toros desde la barrera. Pero la gran traición viene de la mano de UCD, cuando el 15 de enero de 1980 su Comité Ejecutivo Nacional acuerda “la racionalización del proceso autonómico” y el abandono del consenso hasta entonces mantenido. En suma, las derechas dan marcha atrás sobre lo firmado y solicitan la abstención en el referendum de ratificación de la autonomía, votación que Rafael Escuredo había arrancado al presidente Suárez para el 28 de febrero de 1980. Convocada la cita con las urnas, la derecha utilizó todo tipo de trampas y argucias para el fracaso de la votación. Aunque el pueblo andaluz habló, fue necesaria una huelga de hambre del presidente Escuredo y dos leyes orgánicas para que el Gobierno y los diputados de UCD y AP, a regañadientes, aceptasen lo inevitable: el triunfo político del referéndum, el autogobierno pleno para Andalucía y la aprobación de un Estatuto de Autonomía de primera.

            A partir de ahí, el presidente Escuredo pasó a simbolizar la rebelión del pueblo andaluz y la conquista de un Estatuto de autonomía plena y el PSOE-A como partido gobernó la Comunidad Autónoma casi cuarenta años. El discurso político del presidente Escuredo eclipsó otros entendimientos del andalucismo, que quedaron apartados del camino de esta historia. La clave del formidable éxito del Partido Socialista Obrero Español, del presidente Escuredo y de los presidentes socialistas que después le sucedieron fue su capacidad para combinar andalucismo y socialismo, compromiso con Andalucía como entidad histórica y compromiso con el pueblo andaluz, cuyas ansias de libertad e igualdad supieron perfectamente interpretar. Salvo que se quiera falsificar la historia, el PSOE-A es el arquitecto que, bien desde la Junta, bien desde los ayuntamientos, ha construido la Andalucía democrática y social del siglo XXI, fundamentada en dos pilares básicos: la generalización y socialización de los servicios públicos, hoy dañados por el afán privatizador de la derecha, y el andalucismo democrático multiétnico y multicultural, amenazado por la entrada de la ultraderecha en el poder.

            Hoy, aquella derecha negacionista de la autonomía para Andalucía gobierna con comodidad y legitimidad la Comunidad Autónoma más poblada de España. Inútil resulta debatir si su andalucismo es travestido o lo sienten de corazón. Históricamente es indiscutible el protagonismo del PSOE en la creación y desarrollo del autogobierno andaluz. Pero en política todo es debatible, aunque se carezca de argumentos sólidos. Al fin y al cabo, nadie posee la marca registrada de una idea y todas las fuerzas políticas pueden cambiar de posición o adaptarse a la situación. Y esto vale también para Adelante Andalucía.

Autor: Juan Cano Bueso

Catedrático de Derecho Constitucional   

Publicado el 25 de mayo del 2026