Los bulos y la desinformación son la nueva normalidad
Hay momentos en los que me avergüenzo de ser periodista, una profesión digna si se ejerce
con rigor y dignidad. Llevo no poco tiempo sumido en el desencanto y en la indignación
cuando asisto al ejercicio que hacen de ella quienes cabalgan en la mentira, los bulos y la
desinformación, moneda casi diaria que, en estos momentos, se ha convertido en una plaga
bíblica. El insulto, el bulo, la mentira es pan de cada día es la nueva normalidad, tango en el
ejercio de la política como en otros ámbitos de la sociedad; ncluso se ha instalado en
periódicos y emisoras de larga trayectoria social o en algunas tertulias televisivas que les sirve
como indeseable motor para subir audiencias. Les es rentable la mentira y nadar entre bulos,
utilizando la desinformación para favorecer al Partido Popùlar y a Vox. Feijóo y Abascal callan y
otorgan; se sienten agusto con estas máquinas de la mentira y la injuria, como ha sucedido con
la vida de la ochentera y deshauciada Maricarmen, la permanente martirización del presidente
Sánchez y su familia o las fabulaciones sobre la cruda realidad que rodea a la inmigración, por
poner ejemplos cercanos. Desde que Ayuso instalara en la sociedad de manera bellaca el “me
gusta la fruta”, o sea el llamar al presidente Sánchez “hijo de puta”, parece que todo vale.
Hasta aquí hemos llegado. Los agitadores del bulo, del insulto y de la injuria destilan bilis como
vulgares camorristas.
Esta reflexión cobra en estos días mayor fuerza cuando asistes a la impùdica utilización que
han hecho algunos de estos pseudoperiodistas al informar (¿) de la octogenaria Maricarmen
desahuciada en Madrid y que la llevó a la muerte. Obviamente no me voy a referir a lo dicho o
escrito por estos especímenes porque me produciría urticaria pero sí reflejar cómo destacados
políticos de la derecha extrema y de quienes se mueven en ondas fascistas y nazis lo han
utilizado para humillar e injuriar a una mujer qure supo luchar por su dignidad hasta morir.
La desinformación y los bulos se han instalado en la realidad diaria y hay medios que han
hecho de la mentira una industria con la que ganar mucho dinero y agenciar una plataforma
para que los más execrables populismos de derecha extrema pretendan vendernos que sus
mentiras son las que se terminanrán por imponerse. Lo tienen claro: mucho repetir las
mentiras hasra que se conviertan en verdad. Lo hizo Stalin para anular a los mencheviques,
troskistas y a disidentes bolcheviques; lo hizo Goebells para llevar a Hitler al poder, holocausto
incluido y lo hicireron los mandamases franquistas para sostener la dictadura franquista y, hoy
en día, tenemos, entre otros, el ejemplo notorio del presidenre Trumpu que se cuece en sus
mentoras casi a diario.
Obligación es de los periodistas y de los medios informativos serios y rigurosos luchar contra
esta epidemia, algo nada fácil porque su fuerza y penetración en las redes sociales no es
desdeñable, sino todo lo contrario. Los bulos y la desinformación son la nueva normalidad que
asedian a la sociedad, capitalizando la mentira como negocio sin parangón, pongamos como
referentez a Erique Negre, Vito Quiles, Alvise y la simpar Ayuso. Y peor es todavía que haya
políticos que aspìran a gobernar en este país y que hayan hecho suyas las mentiras y los bulos.
Y como quiera que hay ejemplos conocidos por haberse sumergido en este pantanoso barrizal
bueno es poner nombres y apellidos: Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso, Santiago
Abascal, Miguel Tellado, Rafael Hernando Fraile, Ester Muñoz, por citar sólo a los más sonoros.
La desinformación se ha convertido en la regla de oro que sostiene a no pocos medios
digitales; La desinformación nos mata y los medios de información riguroros y serios se
debilitan frente a la voracidad sin reglas, ni códigos deontológicos de las redes sociales y de las
plataformas tecnológicas que son quienes alientan los bulos y el descrédito de las
instituciones, tal y como afirma la periodista Gabriela Cañas que fuera presidenta de la agencia
de noticias EFE (2020-2023). Muchos de estos medlos digtales se sostienen gracias a la
publicidad que les llega de instituciones gobernadas por la derecha, caso de la Comunidad
andaluza, la de Madrid y la gallega, entre otras.

Autor: Juan de Dios Mellado Morales
Publicado el 22 de octubre del 2026
